11.1.15

Mi caída sin fin a mi caída sin fin en donde nadie me aguardó pues al mirar quién me aguardaba no vi otra cosa que a mí misma.

23.9.14

II

Estaba soñando, pero nunca sentí tan muerta a la esperanza.
Un tren pasaba frente a mí, no sé por qué no lo tomé. Quizás me había bajado de el. Pero no, sabía que tenía que subir al que iba en esa dirección.
Todas las cosas se iban tras el tren, nada mas quedábamos el andén, el reloj, un cartel que decía “Escalada” y yo. Me toqué el bolsillo y mis sonrisas seguían ahí, bien guardadas. Las agujas del reloj se movían hacia la izquierda en una especie de cuenta regresiva y a medida que se acercaban al número doce iban perdiendo sus colores. Ay, ¡y como lloraban por verme allí! Creo que un gris me dijo que Él no iba a venir.
¿Qué era lo que esperaba sin esperanza parada en el andén?
En Remedio de Escalada solo podía haber dos respuestas: un ser mágico o un ser que hacía magia.
Las agujas del reloj se alinearon en las doce sin que ningún Él viniera a buscarme. Metí la mano en el bolsillo para sacar una sonrisa pero había un agujero y se habían caído al piso. Me apresuré a recogerlas cuando escuché el ruido del tren que se aproximaba. Desesperada, no me entraban en las manos y el tren no parecía que fuera a frenar, y no frenó.
Todas las cosas, el andén, el reloj, el cartel que decía “Escalada”, los colores derramados y la esperanza muerta se fueron  tras el tren dejándome en el vacío.

Ahora, que no había agujas que marcaran mis horas, quizás era tiempo de volver a empezar. 

VII

La primera vez que escribí la palabra magia en este cuaderno, detuve la birome sobre ella unos minutos pensando en cómo carajo iba a explicar qué es la magia si ni vos ni yo ni los dos juntos nunca pudimos hacerlo con precisión. No, no podría explicar lo que es la magia. Puedo intentar, en cambio, explicar la magia que me sucede a mí, sin atreverme a decir mi magia porque seguramente sea la de muchos otros y creo que es parecida a la que te sucede a vos, a ese intento de definición que un día me acercaste y que quizás ahora comprendo. La magia es un momento, un gesto, un segundo breve que de forma inesperada te inunda de paz el cuerpo entero.  Es importante recalcar que ocurre inesperadamente porque si lo estuvieras esperando, no sería magia. La sentís desde la punta del dedo gordo del pie hasta la coronilla. Magia era ese imán que hizo que la primera vez que te vi a lo lejos, de repente estuviéramos pegados a pesar de que me escapara. Magia fue tocar tu espalda sin querer queriendo en ese mismo recital, que meses después vos estuvieras besando la mía. Magia fue que la noche después de la noche que besaste mi espalda te encontrara en el patio, salir del baño y que estuvieras en la puerta esperándome con una sonrisa llena de soles. Magia era escaparme de la clase de Historia a recorrer los pasillos del instituto, que esos pasillos me aburrieran, decidir salir a la vereda a fumar un pucho y verte ahí, apoyado contra las rejas. Fue subir las escaleras y descubrirte en el último escalón observándome, que tuvieras una tiza en el bolsillo que habías sacado del aula de tercero, tiza que decidiste apostar en una carrera hasta la esquina que te gané y que con esa tiza dibujara una rayuela a la cual jugamos como si en vez de ser dos jóvenes estudiando para ser profesores, fuéramos dos niños de primaria. La magia con vos era siempre preguntarme donde estarías, buscarte, mirarme resignada los pies, levantar la vista y verte en la vereda de enfrente. Resumiendo, era encontrarnos casualmente, que me abrazaras, abrazarte, me despegaras los pies del piso y comenzaras a girar nuestros cuerpos.
 Todo esto se me vino a la mente con la birome apoyada sobre la palabra magia y podría haber seguido recordando de no haber sido por una voz que interrumpió el hilo de mis pensamientos. Me encontraba en el bar de enfrente del instituto, esperando a una amiga, tomando una cerveza y mirando por la ventana. Me habían llamado “pipi”. Todos mis conocidos del profesorado me apodaban así porque, gracias a que vos y yo nos llamábamos de esa manera, había adoptado la costumbre de referirme de forma cariñosa con dicho término a las personas.
En un principio me resultaba extraño que de manera espontánea me naciera decirle pipi a alguien que no fueras vos, sentía que traicionaba tu recuerdo. Pero después me di cuenta que en todos los que me rodeaban veía un pedacito de vos, y eso se podría deber a que yo estaba llena de pedacitos tuyos de los cuales estaba orgullosa y que inconscientemente reproducía y regalaba a todo aquel que estuviera dispuesto a incorporarlos.
 Tardé en darme vuelta para comprobar quién me hablaba porque el humo de mi cigarrillo me había entrado en el ojo. Podría haber sido cualquiera pero el timbre de esa voz… No podía ser, sería muy loco.
 Estabas vos, con tu cara a 15 cm de la mía, con tu aura de colores, con tus pestañas y ojos gigantes que reflejaban un alma noble. Eras vos que podrías haber aparecido 10 minutos antes o 10 minutos después, pero no: habías aparecido en el momento en que la última palabra escrita sobre el renglón era magia y la oración no estaba terminada.
 Tu aparición me cortó la respiración por un segundo, sopló cual huracán mis pensamientos y me obligó a apagar el pucho por temor a que notaras el temblor de mis manos.

 Tu aparición era lo último que necesitaba para poder poner en evidencia en estas líneas qué es la magia. 

19.9.13

EnRoScAdOs

Me comiste el coco poco a poco y la boca de un tirón. Un gol siempre termina en abrazo, de la ropa no dejaste ni un jirón. Las dudas las dejamos a un costado y con nuestros besos inundamos cada rincón. Nuestros cuerpos quedaron aplastados, arrasados de pasión. (Esta amnesia momentánea no olvida el dolor) Este fuego erigió un roble y en sus raíces estas vos. Enchufe de mis sueños, tanto vino tinto tira abajo tus granaderos. Uno por uno los vi cayendo.
Sin defensas, enroscados. Jugando un fuego que nos juega a nosotros.


Nico y Nico.

11.9.13

viaje

Estaba intentando borrar con la goma y sacarlo del mapa
cuando recibí la atrevida sugerencia de recorrer aquella mitad que me faltaba.

Fuimos turistas de la fantasía en furgón de primera clase,
desgracia afortunada.
Entre idas y avenidas
y tanta lucha entablada
se rebeló un personaje insólito en un juego surrealista.

Así
a ojos cerrados
intentando lo que venga
errando que sea,
avanzaba la magia con un cortejo de aromas,
desafiando la imaginación
ardiéndome en su juego
reviviéndome en su fuego
borrando con la goma mi miedo a encontrarme perdida
o no encontrarme.

Miedo a perderme en el oeste.

9.5.13

La que me tocó

La magia es así.
Te agarra desprevenido en cualquier lado.
Te caza por los costados y te hace volar bien alto.
Corta.
Si la buscas, no la encontras,
si no te aparece hasta en la salida del baño.
Es así.
No tiene frenos ni alarma,
no tiene bocina ni sirena.
Va y viene como se le da la gana.
Si no te subis, te aplasta.
Si no la abrazas, te corta con un hacha.
(Abrazala que sin masacre es mas interesante)

La magia es así:
te rodea con sus brazos y te llena de besos la cara.
Si la esperas, no llega.
Si estas mirando un escenario te roza los labios.

No se percibe, no se anticipa.
Simplemente sucede.
Nos vive la voz,
nos arde la pasión.
Reúne mis pedazos en una sola canción.

La magia que me tocó es un barrilete:
(nos conectamos por un hilo)
a veces me olvido, a veces se engancha y se olvida
pero nunca me va a dejar sin sus colores en mi vida.

La magia se nace riendo y se crece en remedios.
Si le tocas timbre sellas un pacto.
Capaz no te va como esperas,
pero te fue, te va a seguir viniendo
y me va a seguir llegando.

La magia es hoy y siempre,
aunque esté escalando, aunque esté a mi lado.


7.2.13

Estas ganas de verte no me caben...

Estas ganas de verte no me caben.
No me caben ni un poco.
Ni un poco en el hueco de mi oído, ni otro tanto en la profundidad de mi boca.
Ni una pizca en la cueva de mi ombligo, ni una cucharadota en el cuenco de mis manos.
Estas ganas verte inundaron todo el barrio,
trato de esquivarlas pero me hundo en cada charco.

No me caben ni a patadas en el cuerpo,
pero no se van ni aunque se los pida por favor
ni aunque les diga que lo que me piden me importa un cuerno.
No se espantan ni del fuego ni de los porrazos,
no las logro ahuyentar ni con frío ni con abrazos.

Estas ganas de verte no tienen ni pies ni cabeza,
son tan largas que no sé donde empezaron ni donde empiezan.
No me caben ni un poco, y a ellas no les cabe ni una
que las quiera enjaular,
encerrarlas bajo llave amordazadas para que dejen de chillar.

No me caben ni en gotitas en los ojos, ni en colores en los dibujos de mis sueños.
No me entran en la punta de la lengua cuando las quiero soltar,
ni en los brazos cuando te quiero tocar.